MUERE EN TORREVIEJA (Alicante) OLAIA CASTRESANA, MILITANTE DE ETA, AL EXPLOSIONAR EL ARTEFACTO QUE MANIPULABA.
      Con Olaia Castresana, suman ya 41 los militantes vascos fallecidos en circunstancias similares.
      Información publicada en GARA el 26 de julio de 2001.


      Una larga lista de militantes muertos por explosiones

      Con Castresana, han fallecido 41 militantes vascos en circunstancias similares

      La explosión en la que falleció Olaia Castresana se ha producido cuando quedan escasos días para que se cumpla el primer aniversario de la muerte de cuatro miembros de ETA en Bolueta y supone el último eslabón de una cadena que se inició en abril de 1969 que se ha llevado la vida de 41 militantes vascos. GARA | DONOSTIA

      La muerte de Olaia Castresana se ha producido cuando está a punto de cumplirse el primer aniversario de la explosión de Bolueta, registrada el 7 de agosto de 2000, en la que fallecieron Patxi Rementeria, Ekain Ruiz, Zigor Aranbarri y Urko Gerrikagoitia. Castresana es, por tanto, la quinta militante que muere tras el final de la tregua de ETA, período en el que falleció en extrañas circunstancias José Luis Geresta. Con ella, son 41 los militantes vascos muertos por una explosión accidental.

      Antes de los sucesos de Bolueta, el último militante abertzale muerto cuando llevaba una bomba fue el donostiarra José María Igerategi. Ijitu, como era conocido entre sus amigos, portaba el artefacto en una mochila cuando éste deflagró en el centro de Gasteiz el 29 de marzo de 1994. La prensa especuló sobre la posibilidad de que la Policía hubiese colocado unos sistemas electrónicos para accionar los explosivos cuando eran transportados.

      En la década de los 90 fueron otros dos los militantes de ETA muertos cuando manipulan explosivos. A Joxe Mari Arantzazistroke, que fue declarado hijo predilecto por el Ayuntamiento de Usurbil, le estalló una bomba junto al hipermercado Mamut de Oiartzun, el 21 de agosto de 1990. Al año siguiente, el 25 de octubre, falleció Kabi Goitia en un piso del barrio bilbaino de San Inazio cuando preparaba una bomba.

      Entre esos dos sucesos, perdieron la vida en similares circunstancias otras dos personas. Josu Olabarria, el 21 de octubre de 1992, y Bernardo Astiazaran, el 5 de febrero de 1993, murieron cuando manipulaban sendos artefactos, en acciones relacionadas, al parecer, con la kale borroka.

      En esa misma década se produjo el accidente de este tipo que más víctimas había causado hasta la época. En aquella ocasión los fallecidos era miembros de la organización Iraultza. El 30 de abril de 1991, Marisol Mujika, Rosa Díez y Jesús Fernández se encontraban dentro de un coche en la localidad vizcaina de Sestao cuando explotó la bomba que, al parecer, iban a colocar en una oficina del INEM. Los accidentes de este tipo se cebaron en esta organización, que entre 1983 y 1986 perdió a otros cuatro militantes en circunstancias similares.

      Además de todos los citados, otros 24 militantes de ETA, Iparretarrak y Comandos Autónomos han fallecido cuando manipulaban o portaban artefactos explosivos. En una de esas ocasiones, en abril de 1983 en Arrasate, estuvieron a punto de morir cuatro miembros de un mismo comando, como sucedió el año pasado en Bilbo.

      La historia de militantes vascos muertos a consecuencia de la explosión accidental de artefactos que portaban o manipulaban es larga, ya que se remonta muchos años atrás. Los dos primeros voluntarios fallecidos, en abril de 1969, en estas circunstancias fueron militantes de EGI, las juventudes del PNV, aunque uno de ellos, Jokin Artajo, ya se había pasado a ETA, según personas cercanas al joven.

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